El trato inhumano en la industria porcina

Imagine: Un hombre obliga a su perro a vivir en una jaula año tras año las 24 horas del día, los siete días de la semana. La jaula es apenas un poco más grande que el cuerpo del perro, tanto que ni siquiera puede darse la vuelta. Al no poder desarrollar su comportamiento natural más básico, el perrito fija su mirada a los barrotes a pocos centímetros de su cara, hora tras hora, año tras año. Desesperado con esta frustración, sufre un destino agónico de perpetua inmovilidad y aislamiento. Sería difícil imaginar una vida más tortuosa para un animal que está acostumbrado a explorar, correr y jugar con los demás.

De acuerdo con las leyes de protección animal normales, este hombre sería juzgado por un delito. Ahora imagine que esta situación involucre a un animal igualmente inteligente y social, pero en lugar de uno solo, son millones los que están encerrados en jaulas tan pequeñas que apenas pueden moverse un centímetro y sufren este trato en casi cada momento de su vida. Por desgracia, esta última escena es más que una situación hipotética. Es la práctica diaria y habitual que muchos consumidores fomentan sin darse cuenta. Esta es la realidad de millones de cerdos en la industria porcina.

Los cerdos son tan sensibles como los perros, y algunos investigadores manifiestan que los cerdos incluso son más inteligentes que nuestros amigos caninos. Sin embargo, en las granjas industrializadas de hoy en día, muchas veces maltratan a los cerdos de una manera como nunca pensaríamos tratar a los perros.

Aunque la mayoría de los cerdos en la industria de productos porcinos soportan las malas condiciones, las cerdas que son utilizadas para producir crías sufren lo peor. Obligadas a producir crías tras crías, la mayoría de las cerdas pasan su embarazo confinadas en jaulas de gestación que miden un poco más de la mitad de un metro de ancho, lo que impide que estos animales puedan girarse siquiera durante varios meses.

La práctica es tan inhumana que estados como California han aprobado leyes para prohibirla, sin embargo, los estados de mayor producción de productos porcinos, como Iowa y Carolina del Norte, no tienen ningún plan para prohibir este abuso animal.

SmithfieldFoods, el mayor productor porcino en el mundo, confina a la gran mayoría de sus cerdas de cría en jaulas de gestación. A pesar de declarar que proporciona a los animales condiciones de vida “ideales” y que “todas las necesidades (de sus animales) están cubiertas”, una investigación de HSUS documentó pésimas condiciones en una instalación de Smithfield en Virginia, donde las cerdas de cría sufrieron heridas y úlceras de presión por ser alojadas en jaulas de gestación terriblemente estrechas.

No sólo son los animales que sufren en Smithfield. El trato a los trabajadores por parte de la empresa también ha sido criticado. Cuando los trabajadores, muchos de ellos hispanos, de las instalaciones de matanza de Smithfield en Carolina del Norte y Virginia trataron de organizarse en sindicatos, se encontraron con una fuerte resistencia de la empresa.

McDonald´s, que obtiene la mayoría de sus productos porcinos de Smithfield, declaró que la eliminación del uso de las jaulas de gestación estaba “en el tope de nuestra agenda”. Como una sociedad que muestra una profunda compasión por algunos animales, como los perros, ¿cuánto tiempo nos llevará construir una nación más humana que es respetuosa con todos los animales, los cerdos incluidos?